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Optimismo disposicional y dolor crónico

Ps. Sofía Gana Gajardo

Dentro de nuestra sociedad siempre hemos considerado el optimismo como algo bueno, de ahí el uso de dichos como “tienes que mirar el vaso medio lleno”, “Al mal tiempo, buena cara”, “Cuando se cierra una puerta, se abre una ventana”, entre otros. Pero la pregunta es: ¿Realmente influye el ser optimista? En el caso de nuestros pacientes con dolor crónico, la respuesta es sí, y hoy les explicaremos por qué.

El optimismo disposicional se considera una característica de la personalidad, y se define como la expectativa, creencia estable y generalizada de que a lo largo de la vida, ocurrirán situaciones, momentos o resultados positivos. Por su parte, el pesimismo se refiere a la expectativa, creencia estable y generalizada de que en la vida, ocurrirán momentos, situaciones o cosas malas.

Ahora bien, entendamos a que se refiere con expectativa. Dicho concepto responde a los resultados que podemos anticipar, los cuales pueden ser concretos o más generales. Por ejemplo, es muy común que nuestros pacientes preoperatorios tengan la expectativa de una pronta recuperación frente a su cirugía, dicha expectativa es positiva y nos habla de una persona que muy probablemente, es optimista. Hasta el momento sólo tenemos cambios y definiciones a nivel mental, entonces, ¿cómo se plasman esas expectativas, pensamientos y creencias en el actual de los individuos? El optimismo como factor protector en salud, genera actitudes de afrontamiento activas, dado que motivados por estas expectativas positivas, el paciente busca activamente la solución o disminución de su patología, en el caso de nuestros pacientes, el dolor crónico.

Por lo tanto, de acuerdo a lo anterior, si tenemos dos pacientes, uno con la idea de que no podrá mejorar y deberá continuar con este dolor siempre y otro con la expectativa concreta de una recuperación, lo más probable es que el paciente con una expectativa positiva, es decir un paciente optimista, buscará formas de aliviar su dolor más activas, mientras que el paciente pesimista, no buscará estas formas activas, sino que sólo se concentrará en la evitación del dolor.

Si bien no podemos saber lo que pasa en los pacientes a nivel de pensamiento de sólo mirarlos, en una conversación podemos ver, a través de sus estrategias de afrontamiento, cuáles son las creencias y expectativas que están a la base, eso nos permite trabajar a nivel de creencias para que el paciente efectivamente tome una visión optimista y tenga un afrontamiento activo frente al dolor. Está demás decir que esto no sólo se aplica al dolor crónico, sino a una serie de patologías, por lo que podemos decir que efectivamente debemos trabajar nuestra mirada optimista de la vida.

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